Experimento personal de una bailarina con tendencia a la bladilalia que (a falta de condición muscular) pretende danzar con las palabras.
jueves, 21 de julio de 2011
De cuando llega la terrible sensación de saberlo todo perdido cuando se ha luchado hasta decir basta.
Y ahí se quedó. En pie. Más ya sin aliento. Esperando.
Inevitable.
Un silencio que atormenta al mirarla. Ahí, de frente. Fauces y garras listas para el ataque. Fiera hambrienta a la espera. Nada podría detener su camino, aunque parezca pensárselo por un momento.
Y yo la miro, sé que debo rendirme. No tengo opción. Y aunque quisiera luchar, sé que sólo lograré humillarme más. Pienso en el cansancio que provocaría una negativa de mi parte. No tiene caso.
Ven mi amor, vamos por las croquetas. El hambre es canija.
Cartas a un joven cuentista.
Para escribir un cuento, mire usted. Tendría que pensar en una historia. Comenzar por generarse un conflicto a resolver. Y una vez elegido el problema, hacerse de algunos personajes portadores del apuro. También puede inventar otros que sean promotores, creadores o atizadores del desgarriate que usted ha provocado. Y una vez teniendo esto listo, podría comenzar el diseño de situaciones iniciales donde los elementos se vayan enmarañando hasta llegar al momento culmen que usted ya tiene preparado. Llegado ahí, el camino es cuesta abajo. Tocará desmadejar para regresar a un punto en donde las cosas queden en paz. Justo como están ahora.
Para ir allá.
Cuántas veces había paseado por ese mismo jardín. Ahora tan pequeño. ¿Qué pasaba? Todos esos años tumbada en el pasto mirando el atardecer y millones de garaballos revolotear entre su mirada y el cielo. Hoy podía mirarlo todo de un solo tirón sólo poniéndose de pie en aquella loma. Los perros que en su tiempo fueron ponis. El inmenso árbol de las flores amarillas al que subir era todo un reto. Todo era tan pequeño.
Moderna Alicia que al tomar un poco del panecillo del tiempo era ahora incapaz de entrar al mágico mundo que la vio crecer. Y tantas ganas, tantas, de comer un poco más para montar una libélula y llegar a donde están todos los que ahora faltan en la historia.
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